viernes, 19 de junio de 2009

El gran Burundún Burundá ha muerto (fragmento)

Necesitiba una chispa: la produjo. Necesitaba una vena abierta: la abrió. Sabía que bastaría el cabrillear de la llama y el dulce y espeso olor de la sangre, para que la horda no necesitara el aliciente de sus órdenes. Bajo los craneos estrechos y en las empedernidas entrañan de los hombres sin imaginación ni palabra, se desentumecería la antigua bestia: de sus fauces babosas surgiría otra vez el bramido en que el terror se convierte en cólera y de nuevo el colmillo y la zarpa encontrarían el camino de la sangre.

Para que la obra fuese constante y perdurable, para que la violencia no se cansase ni se mellase el odio, contaba con el mideo que engendra el crimen en el criminal y en sus cómplices.

Sabía por experiencia propia que no hay mejor abono para la cueldad que la cobardía; que cuanto mayor fuese el miedo por el propio crimen, tanto más grande sería la saña empleada en exterminar a cualquier posible justiciero; que el río de sangre vertida establecería una frontera infranqueable para los hombres de la paz y la justicia.

No temía que desfalleciesen los ejecutores, pues el vicio de la crueldad no conoce la saciedad ni el hastío; temía que vacilasen los capitanes, los que ordenan el incendio y la muerte desde sus oficinas, sin chamuscarse los cabellos ni recibir en el rostro las salpicaduras de un craneo que estalla o de un vientre que se desgarra y vacía. Para curarles de sus posibles vacilaciones, bastaba que supiesen que la paz sería su condena y la justicia su muerte. Bastaba que tuviesen la certidumbre de que los propios criminales a su mando serían sus verdugos en cuanto intentasen dar la orden de cesar el exterminio.

Jorge Zalamea

martes, 9 de junio de 2009

regalo y respuesta

Un profe que quiero mucho me mando el link de este video:
http://www.youtube.com/watch?v=BYlOUI4LAU8
Somos los mismos, en cada rincon de nuestro maltratado planeta estamos viviendo, ardiendo, sufriendo, gozándo, llorando, riendo. El inasible enemigo no tiene idea de nuestro poder. A veces olvidamos tambien nosotros ese poder.
Todas las calles son nuestras, todos los caminos son posibles, la libertad de amar y soñar es nuestra.
Como respuesta a mi profe bello va este otro link:
http://www.youtube.com/watch?v=Rj1p0sUQ4oo
La noche me sirve de sábana...

viernes, 5 de junio de 2009

Epitafio (V. Aleixandre)

Para borrar tu nombre,
ardiente cuerpo que en la tierra aguardas
como un dios el olvido, aquí te nombro,
límite de una vida, aquí, preciso
cuerpo que ardió. No tumba: tierra libre.

Dejad al paso la mirada lenta,
la que una piedra dura os reclamara,
o la que pide un árbol sin sus pájaros,
casto en la noche, en su velar desnudo.

Nunca el rumor de un río aquí se escuche.
En la profunda tierra el muerto vive
como absoluta tierra.
Pasa, humano:
no sonarán tus pasos en un pecho

Aquí esta

El chico murio a las 4:00 a.m el miercoles 14 de junio de 2006. Aparece escrito en la agenda :

muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera no es mío
sino el caliente aliento que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
deja, deja que mire, teñido de amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Aleixandre

jueves, 4 de junio de 2009

pare

para la traducción de la canción que acompaña el perfil del Blog:

http://www.youtube.com/watch?v=j7aZfJNydm8

Padre.

Padre, dígame que le han hecho al río que ya no canta, que resbala como esos peces que murieron bajo un palmo de espuma blanca. Padre el río ya no es el rio. Antes de que llegue el verano esconda usted todo lo que encuentre vivo.

¿Qué le han hecho al bosque, padre, que ya no hay un árbol?

¿Con qué leña encenderemos fuego y en qué sombra nos cobijaremos, padre, si el bosque ya no es el bosque?

Antes de que se haga oscuro, guarde usted un poco de vida en la despensa; porque sin leña y sin peces, tendremos que quemar la barca. Tendremos que arar sobre las ruinas y cerrar la puerta de casa con muchas llaves.

Usted nos dice, padre, que si hay pinos hay piñones; que si hay flores, hay abejas y cera y miel. Pero el campo ya no es ese campo, alguien anda pintando el cielo de rojo y anunciando lluvia de sangre. Alguien que ronda por ahí, padre, son monstros de carne con gusanos de fierro. Asómese y les dice que usted nos tiene a nosotros y les dice que nosotros no tenemos miedo, padre.

Pero asómese porque son ellos los que están matando la tierra.

Padre deje usted de llorar, que nos han declarado la guerra.

miércoles, 3 de junio de 2009

La llegada

El verde se impone sobre esta franja de territorio, surcado por serpientes oscuras que reflejan la tierra de la que surgen. En medio del verde hay heridas, aun pequeñas, que casi se sienten en la piel; la presencia irremediable de sierras que talan, que convierten el verde en barro y polvo (la memoria en sangre), que llevan veneno al interior de las serpientes milenarias. Pero eso lo descubro luego, ahora apenas cabe en mis ojos una mínima parte de la maravilla que presiente mi ser más remoto. Suenan en mi vientre tambores universales que, innombrables, sorprenden al tiempo para exigirle cuentas de sus errores. Mi existencia entre ellos. Me invade la sensación de deber, de no pertenecerme, de ser una parte minúscula y determinante de lo inabarcable, que no es dios, que es un misterio que se atisba en el amor, en la sensación cálida de inmensas sonrisas.

Una herida profunda y supurante es mi nuevo habitáculo, el terreno en que me escondo y defiendo de lo verde. Tomo partido por el concreto en su lucha contra la madera, vengo dirigida por años de saqueo, soy una ficha más que mueve la herida en su interés de expandirse, de devorarlo todo. Necesito años y años, tal vez toda la experiencia de las pieles arrugadas que encuentro, para lograr cambiar de bando. En esta guerra la victoria de mi bando es mi muerte más lenta y dolorosa. Amo y admiro las miradas desconfiadas de los que aun pueden cambiar el rumbo, de quienes pueden convertirse en la fuerza curadora de esta inmensa enfermedad terminal. Se clavan en mi carne viva las espinas de sonrisas y miradas amables, como rosas en el jardín deseado y prohibido. Me exigen una alegría que mi alma no quiere sentir, me exigen que olvide mi infinita carga y me permita vivir sin pretensiones cristianas de salvación, me latigan con su afilada seda de humildad y fortaleza.

En mi centro estalla la felicidad, que me deja una sonrisa como marca indeleble de mi más complejo ser. Esta sensación, tan nueva y brillante, deslumbra mi mirada fría de páramos y nubes lejanas, que ya olvidaron su ancestral deber, que luchan apenas con lluvias grises que ni espantan las hojas domesticadas de arboles huérfanos. Me reencuentro al chocar con esto que desconozco. Los míos me recogen, me impiden el primer contacto con el sol y el sudor, dejan extendidas las manos que me acogían desde otros rumbos. Me prometo que esos serán mis verdaderos caminos, que voy a destruir en mi interior lo que me impida acercarme a ellos, a la piel de madera, oro y agua.

los busco

hace rato que no nos encontramos, vamos por allí callados mirándo el piso y no nos vemos. peor aun, tratamos de evadirnos. Sea este el primer paso para buscar las miradas que he perdido, a todos los que se los ha llevado el tiempo. Ojala esta técnología permita encontrar el camino de regreso de la muerte